
Lo que conocemos como un rostro bello o armonioso esta íntimamente relacionado con las formas y volúmenes del esqueleto óseo subyacente. Dentro de estos volúmenes destacan por su importancia los pómulos y el mentón, hasta el punto de que se puede afirmar que un rostro bello se sustenta en el “trípode” formado por los dos pómulos y un mentón armónicos.
Estas estructuras óseas están sujetas a múltiples variaciones tanto por defecto como por exceso, por lo que para conseguir la forma deseada es necesaria en unas ocasiones incrementar su volumen y en otras reducirlo. Esto se consigue mediante las intervenciones quirúrgicas conocidas como “plastia malar” en el caso de los pómulos y mentoplastia en el caso del mentón.
Bajo anestesia local se realiza un abordaje a través del vestíbulo de la boca (el espacio entre los dientes y los labios), al hacer la incisión en el interior de la boca las cicatrices resultantes son invisibles.
Por esta vía en se implantan unas prótesis de mentón o pómulos en los casos en los que es necesario aumentar el volumen o bien se hace un raspado óseo en los casos en los que se precisa su disminución.
Tras la cirugía aparece una inflamación que cede en unas dos semanas y un dolor moderado que responde bien a los tratamientos analgésicos y antiinflamatorios que se prescriben rutinariamente junto con un tratamiento antibiótico.